LA CONQUISTA DEL PAN. Piotr Kropotkin
Durante varios meses, entre finales del año 2023 y principios de 2024, me sumergí en una serie de lecturas en torno al pensamiento anarquista. Lo hice desde el respeto que me indujeron en la carrera hacia todo aquello desconocido, pero, sobre todo, hacia las cuestiones y temáticas que más tópicos cargan a sus espaldas fruto del desconocimiento más profundo que demuestra la sociedad y del “ataque” organizado desde los poderes para deformar la realidad de una doctrina por el interés de alejar a las clases trabajadoras de la misma.
El pensamiento anarquista, el anarquismo como doctrina de pensamiento recoge toda una tradición filosófica que culmina en pleno siglo XIX para hilvanar en su ideario principios que el propio Darwin estaba desarrollando en sus principales obras. Así surgirá el concepto, desde los anarquistas rusos, del APOYO MUTUO. La obra que nos trae a colación esta entrada, Kropotkin (1842-192) y “La conquista del Pan” (1892) aportó solidez al pensamiento anarquista desarrollando con amplitud los conceptos de Apoyo Mutuo (verdadera herramienta del reino animal para sobrevivir en la naturaleza) y de Cooperación Voluntaria, y reconociendo que estas tendencias estaban claramente presentes en la evolución y las sociedades humanas. ¿Fue quizás el propio capitalismo y la interpretación social del darwinismo que Herbert Spencer hizo lo que transformó la realidad de las teorías del propio Charles Darwin? Según los padres rusos del anarquismo, los mecanismos que establece la propia naturaleza tienen como fundamento el apoyo mutuo y la cooperación, principio clave y vital para entender la solidaridad y su aplicación revolucionaria a las sociedades humanas. Kropotkin defiende que la cooperación es una fuerza evolutiva clave. La naturaleza ofrece infinitos ejemplos de cooperación entre los animales y seres vivos, muchos más que de competencia y lucha. Lo que nos define como seres humanos, “animales políticos”, es la solidaridad, la cooperación y el apoyo mutuo. Matar al que está a tu lado para arrebatarle un alimento es lo que definía el propio Thomas Hobbes en su Leviathan como el estado de salvajismo en que el ser humano dio sus primeros pasos en la Tierra. Lo verdaderamente revolucionario, desde el punto de vista humano, es el principio de solidaridad, principal pilar de la moral anarquista que como decía Kropotkin era un mecanismo infinitamente más importante en la evolución humana que la lucha malthusiana por la existencia.
Estos son los 10 argumentos que consideramos clave para su lectura y su comparación con nuestros días:
1. El concepto de LIBERTAD recorre toda la obra de Kropotkin, que no concibe la libertad sin igualdad real, así pues, defiende el individualismo libertario, pero basado en el principio de la solidaridad: “La solidaridad es el mecanismo por el que las especies sostienen la lucha contra las fuerzas hostiles de la naturaleza”. Para Kropotkin, los dos fines perseguidos por la humanidad a través de todos los tiempos son: la libertad económica y la libertad política. Las comunidades prosperan cuando colaboran libremente. Esta meta se alcanzará de manera inevitable bajo lo que Kropotkin denominaba “comunismo anarquista”: comunismo sin gobierno, el de los hombres libres.
2. Kropotkin, como anarquista, señala la necesidad de abolir la propiedad privada de los medios de producción. Aboga por la propiedad colectiva para que nadie se “apropie del trabajo colectivo”. En esta línea, la gestión colectiva que defiende Kropotkin podemos conectarla con la investigación de Elinor Ostrom acerca de comunidades reales que administran recursos compartidos sin privatizarlos ni centralizarlos. Kropotkin destaca “el bienestar para todos/as” como punto de partida (la revolución tiene que garantizar comida, vivienda y sustento material para toda la población). En la actualidad, esta cuestión nos sitúa ante la renta mínima de inserción y las políticas públicas de servicios fundamentales (salud, vivienda social, etc.). El debate actual se sitúa en torno a si transferencias directas de dinero o provisión pública directa, todo en el marasmo complejo de la pesada burocracia.
Kropotkin establece el bienestar de todos como fin; la expropiación como medio. “Para que el bienestar llegue a ser una realidad, es preciso que el inmenso capital deje de ser considerado como una propiedad privada de la que el acaparador dispone a su antojo. Es necesario devolver a la comunidad todo aquello que sirva para conseguir el bienestar: “Todo debe ser de todos”. El derecho al bienestar es la posibilidad de vivir como seres humanos y de criar a los hijos para hacer de ellos miembros iguales de una sociedad superior a la nuestra; mientras que el derecho al trabajo es el derecho a continuar siendo siempre un esclavo asalariado, un hombre de labor, gobernado y explotado por los burgueses del mañana. El derecho al bienestar es la revolución social, el derecho al trabajo es, a lo sumo, un presidio industrial. Es tiempo ya que el trabajador proclame su derecho a la herencia común y que tome posesión de ella”.
3. Otro principio básico de “La conquista del Pan” de Kropotkin, y que podemos traer a nuestros días, es la producción orientada a las necesidades, no al lucro. En este sentido, se defiende que la economía tendría que organizarse para satisfacer necesidades reales (alimentos, abrigo, salud), no para acumular ganancias. No faltan recursos, el problema está en la distribución: “somos ricos, muchísimo más de lo que creemos (…), infinitamente más ricos (…) si se aplicasen (los conocimientos técnicos) con el fin de procurar el bienestar de todos”. Por otro lado, Kropotkin sentencia con respecto a las fortunas lo siguiente: “Un poco de reflexión bastaría para demostrar que el origen de esas fortunas está en la miseria de los pobres”.
“¡Pan, la revolución necesita pan!”. Según Kropotkin, la burguesía sabe que un pueblo que come satisfactoriamente es un pueblo difícil de dominar.
Trayendo a la actualidad estas premisas, se hace necesario una política de “decrecimiento” o de transición ecológica en torno a conceptos que existen, pero que no tienen materialización ninguna: economía circular.
4. Kropotkin realiza una crítica al salario y al trabajo forzado por necesidad. En su obra realiza una propuesta de trabajo muy interesante: “La jornada del hombre habituado al trabajo y que se vale de máquinas no es de 5 horas, sino de 10, 300 días al año durante toda su vida. Así, destruye su salud y embota su inteligencia (alineación) (…) Sin embargo, cuando puede variar las ocupaciones y, sobre todo, alternar la labor manual con el trabajo intelectual, está ocupado con gusto y sin fatigarse 10 y 12 horas. Esto es normal. El hombre que haya hecho 4 o 5 horas de trabajo Manuel necesario para vivir dispondrá todavía de 5 o 6 horas que querrá ocupar según sus gustos. Si se asocia con otros, esas 5 o 6 horas le ofrecen la posibilidad de proveerse todo lo que desee, después de haber trabajado a fin de asegurar lo necesario para todos (…) Pero una sociedad que conceda a cada uno de sus miembros una amplia instrucción filosófica y científica sabrá organizar el trabajo físico de manera que sea orgullo de la humanidad, y la sociedad científica se convertirá en una asociación de investigadores, de aficionados y de obreros que ejercerá un oficio y se interesarán, a la vez, por la CIENCIA”
“Las letras y las ciencias no hallarán el lugar que les corresponde en la obra del desarrollo humano hasta que, libres de toda servidumbre mercenaria, sean exclusivamente cultivadas por quienes las aprecian y para aquellos que las aprecian”
En nuestros días estamos en pleno debate por la reducción de la semana de trabajo a 4 días o la cantidad total de horas trabajadas a la semana. Por otro lado, hay que plantear también que una productividad alta debería materializarse en mayor disposición de tiempo libre y no solo en más ganancias.
5. Un principio que recoge ampliamente la obra de Kropotkin, no solo “La conquista del Pan”, es la necesidad de descentralización y, por tanto, el desarrollo del municipalismo y las redes locales como garantía de una sociedad prolífica. Entendiendo el contexto social y política del mundo agrario de la Rusia del siglo XIX es fácil comprender el anarquismo ruso y sus estructuras de pensamiento: desde la casa, pasando por la aldea y terminando en la comuna rural. La apuesta por las comunas federadas del anarquismo se refleja en los movimientos municipalistas de nuestros días, la necesidad de presupuestos participativos de verdad y de redes de población que constituyan verdaderas comunidades de energía, alimentos y comercio.
6. Es muy revelador el papel que Kropotkin asigna a las ciencias y a la tecnología: partiendo de que tienen que estar al servicio de la vida cotidiana, según Kropotkin “las letras y las ciencias no hallarán el lugar que les corresponde en la obra del desarrollo humano hasta que, libres de toda servidumbre mercenaria, sean exclusivamente cultivadas por quienes las aprecian y para aquellos que las aprecian”. En este sentido, relacionado con la formación de las personas y el papel de las escuelas, se aboga directamente por la abolición de “los grados universitarios” y por la llamada a los “voluntarios de la enseñanza”, con el objetivo de permitir el libre pensamiento y no estar “esclavizados al pasado en la edad madura y hasta la tumba”. El camino de la educación, en nuestros días, va completamente en la dirección contraria: formar técnicos para producir, no personas para pensar.
7. Otro principio que recoge Kropotkin en su obra “La conquista del pan” es la necesidad de una revolución social inmediata. Hay que dar un paso más allá de la mera teorización, pasar a organizar el sistema de producción y de distribución de la riqueza desde abajo, centrando el foco en lo local como “lugar” de garantía de cobertura de las necesidades comunes de la sociedad.
8. Hace más de 120 años, Kropotkin recogía en su obra lo que todavía sigue siendo un reto para la humanidad actual: la necesidad de emancipación de las mujeres. Decía literalmente: ¿Por qué el trabajo de la mujer no ha contado nunca para nada? ¿por qué en cada familia la madre y a menudo tres o cuatro sirvientas invierten todo su tiempo en los asuntos de la cocina? Porque aquellos que predican la liberación del ser humano no han incluido a la mujer en ese sueño de emancipación y consideran “los asuntos de la cocina” como algo indigno de su orgullosa condición masculina, por lo que descargan esas ingratas tareas sobre las espaldas del gran chivo expiatorio: la mujer. Emancipar la mujer no implica abrirle las puertas de la universidad, del foro y del parlamento. La mujer emancipada descarga siempre en otra mujer el peso de los trabajos domésticos. Emancipar a la mujer es liberarla del embrutecedor trabajo de la cocina y del lavadero, es organizarse de manera que pueda criar y educar a sus hijos, si le parece, disponiendo de tiempo libre para participar en la vida social.
Esto se conseguirá, ya lo hemos dicho; de hecho está en sus inicios. Una revolución que se exalta con las hermosas palabras de Libertad, Igualdad y Solidaridad y sigue manteniendo la esclavitud de la mujer en el hogar no será una revolución. Porque la mitad de la población, al ser esclava de la cocina, deberá rebelarse contra la otra mitad”
9. Resulta muy revelador la forma de ver que tiene Kropotkin los inventos, y por tanto el avance material e inmaterial de la humanidad, cuando se refiere a ellos como que cada nueva invención es una síntesis resultante de 1.000 inventos anteriores. De esta manera, cada descubrimiento, cada progreso, cada aumento de la riqueza de la humanidad tiene su origen en el conjunto del trabajo manual e intelectual del pasado y del presente. Entonces, ¿con qué derecho puede nadie apropiarse la menor partícula de ese inmenso todo y decir “esto es mío y no vuestro”?
10. En relación con lo anterior, Kropotkin habal de la importancia de los SENTIMIENTOS SOCIALES(rectitud, respeto, simpatía y apoyo mutuo): Cualquiera comprende que sin rectitud, sin respeto a sí mismo, sin simpatía y apoyo mutuo, la especie acabará extinguiéndose, como se extinguen algunas especies animales que viven del robo o de la servidumbre. Pero eso no les importa a las clases dirigentes, e inventan toda una ciencia, absolutamente falta, para probar lo contrario.
Se han dicho cosas muy hermosas acerca de la necesidad de compartir lo que se posee con aquellos que no tienen nada. Sin embargo, cuando se le ocurre a cualquiera poner en práctica este principio, enseguida se le advierte que todos esos grandes sentimientos tan solo son buenos en los libros de poesía, pero no en la vida. “Mentir es envilecerse, rebajarse”, decimos, y toda la existencia civilizada se convierte en una gran mentira. ¡Y nos habituamos, y acostumbramos a nuestros hijos a practicar como hipócritas una doble moralidad! (…) Pero una sociedad no puede vivir así; debemos volver a la verdad, o bien desaparecer (…) Nadie tiene derecho a apoderarse de una sola de esas máquinas y decir: “Es mía; por su uso, me pagaréis un tributo por cada uno de vuestros productos”. Como tampoco el señor de la Edad Media tenía derecho a decir al labrador: “Esta colina, ese prado, son míos, y me pagaréis por cada gavilla de trigo que cojáis, por cada montón de heno que forméis. ¡Todo es de todos! Lo que proclamamos nosotros es el DERECHO AL BIENESTAR, EL BIENESTAR DE TODOS. Se impone pues la EXPROPIACIÓN. El bienestar de todos como fin; la expropiación como medio.
Según Kropotkin, la expropiación debía llevarse a cabo sobre todo aquello que permitiera a alguien -banquero, industrial o agricultor- apropiarse del trabajo ajeno:
No queremos despojar a nadie de su abrigo, sino que deseamos devolver a los trabajadores todo aquello que permita a otros explotarlos. Y nos esforzaremos al máximo para que, al no faltarle nada a nadie, ningún hombre, ni uno solo, se vea obligado a vender su fuerza de trabajo para que sus hijos y él puedan subsistir. Así es como entendemos la expropiación y nuestro deber durante la revolución, cuya llegada esperamos, no de aquí a doscientos años, sino en un futuro próximo.
Estas lecturas ayudan a comprender el desconocimiento, los tópicos y las falsedades vertidas sobre el programa libertario y sus verdaderas intenciones humanas. Que los poderes hayan propiciado esto no es casualidad, es causalidad: ¿por qué se conoce tan poco y de verdad este sistema de pensamiento? Quizás en la pregunta radica la respuesta a la misma. Lee.
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